Lidya Romero es una artista del cuerpo con la suficiente presencia escénica, como para llenar de sobra, ella sola el escenario.
En el año 2000 creó el personaje «La China» para «…. transitar por el mundo insospechado del movimiento mínimo…» , este año la ha traído a la temporada de solos del teatro de la Danza y ofrece un trabajo maduro, limpio de movimiento, inteligente (no más, no menos, preciso). La China es la imagen de un individuo probablemente despersonalizado que tiene la necesidad de reconocer su universo personal. Es la danza de la fragmentación, de la humanidad que de repente surge del caos industrializado. La bailarina divide su cuerpo para re-descubrirlo poco a poco asomándose a un cuadro de luz, mientras fuera de él el foro es como la inmensidad en la que nos perdemos como seres humanos, la profundidad de la oscuridad de la que la lucha por salir nuestro personaje que precisamente, logra florecer en el desierto.