Muchos no lo soportan, butacas con personas incomodas tratando de resistir la tentación de desertar, otras ocupadas por almas embelesadas ante el espectáculo confrontador; ese es el ambiente de la sala Miguel Covarrubias durante la función «Lamb». Desolación, sorpresa, emoción, angustia, revelación y no sé cuantas cosas mas son las que se experimentan durante estos sesenta minutos, el programa de mano nos prepara para ver el trabajo de un artista provocador, pero no menciona que es un narrador interesado en el efecto de lo que nos platica. Este, es un espectáculo para los sentidos, hay una exploración sonora que llega directo a las emociones escondidas tras el plano de la cotidianeidad. La escenografía minimal se complementa equilibradamente con el vestuario de Mauricio Ascencio. Una parte importante, es la presencia y participación de voluntarios del público en el escenario, así es como podemos ver el performance y sus consecuencias en la misma imagen. Aunque la interpretación de esta obra es completamente personal para cada observador, lo que se deja ver claramente es la historia humana de la espiritualidad, un grupo de ovejas siguen a un líder empoderado por ellos mismos, buscan el vellocino de oro que les dará la vida eterna; a sí continúan su viaje por el paganismo, el cristianismo, las revelaciones místicas, la desesperación por la salvación y el sacrificio. «Lamb» es para creyentes y ateos, todos se encontraran ahí, los que veneran y los que cuestionan, los nihilistas y los llenos de esperanza, como también quienes afirman haber encontrado a Dios en ellos mismos. El Festival de México reunió A Lux Boreal y al coreógrafo Australiano Phillip Adams, para producir esta magnífica obra que seguramente dará mucho de que hablar.