La acción comienza cuando el público hace su entrada por un túnel oscuro cubierto de enormes mariposas negras, de esas que traen malos augurios, una buena preparación para lo que viene. En general la escenografía es imponente, llena de elementos dignos de la mas sofisticada pesadilla. Tenemos cinco intérpretes de las cuales cuatro son bailarinas y la quinta la narradora de algo, que parece ser el cuadro clínico de depresión por un hipotiroidismo asesino. Los elementos de la escenográficos son el hábitat de cada uno de los personajes o mejor dicho, de cada una de las faces que tiene la pesadilla de una mujer atormentada, que encuentra en esta neurosis hormonal su identidad. Angel Rosas ha creado un espectáculo tan visual como humano, tan onírico como terrenal, la iluminación envuelve al observador de las interpretaciones de cuatro bailarinas con carácter. Son personajes intensos en su interpretación, de hecho me parece que uno de los varios aciertos que tiene este trabajo, es la elección de ejecutantes que están en plena madurez como bailarinas y mujeres. En resumen es un pieza bien cuidada llena de detalles en la medida exacta, una filigrana de recursos escénicos que como público se agradecen por tratarse de un espacio no convencional. Esto tuvo lugar en el Salón de Danza de la Dirección de Danza de la U.N.A.M.