«Fatma, miras como si vinieras de otra parte —le decían—, como si estuvieras únicamente interesada en moscas que pasan lejos o en pájaros que vuelan de noche.»
SI, debo confesar que después de ver «Tarde en Mogador», salí corriendo a poner mis ojos sobre las letras de Alberto Ruy-Sánchez, quise saber que es lo que sedujo tanto a Tatiana Zugazagoitia para materializar este proyecto. Resulta que la prosa del novelista, crea ambientes con el detalle y belleza de la filigrana, hace de lo invisible, imágenes concretas; también retrata la sensualidad que para él y Fatma, se desprende del viento.
Esta novela, «Los Nombres del aire» que en 1987 fuera ganadora del premio Villaurrutia, enajenó el cuerpo y movimiento de Tatiana Zugazagoitia para ser el motivo de un espectáculo dancístico-tetral, un monólogo del cuerpo, acompañado de una discreta pero espectacular escenografía, que ubica al personaje de Kadiya en la dimensión de los recuerdos de Fatma. No quiero dejar de mencionar, que la música original es un acierto de Armando Contreras, que la iluminación de Víctor Zapatero es imposible de separar del trabajo escenográfico y la Coreógrafa-directora contó con la colaboración de Oscar Ruvalcaba Pérez como co-director en esta pieza.