Vestido de negro sin mas elemento escenográfico que su misma presencia sobre un rectángulo de luz -que en ocasiones nos parece un ring de boxeo-; Ruby Gámez hace gala de un movimiento vertiginoso que salta de una situación emotiva a otra y retrata la transición entre distintos momentos humanos.
El bailarín y coreógrafo, se muestra como un ejecutante maduro y virtuoso con mucho que decir a través del cuerpo, la gesticulación, el manejo del tiempo y la energía de su movimiento. Este acto tuvo lugar durante la Temporada de Solos del Teatro de la Danza, donde ocho años después de cumplir dos décadas de trayectoria artística, Ruby Gámez se presenta como un profesional de la danza y la creación al que no le hace falta nada y puede presumir de estar en un momento de plenitud artística.