Texto Alejandra Monroy
Video Gustavo Lara-Equihua
Una mujer dormida bajo la luz de la luna, un video que aparenta sombras de árboles y nubes se proyecta sobre ella. Acto seguido, una figura masculina la roba, la saca de su letargo; esa mujer es Virginia Amarilla, la creadora de «El Rio» que se hace acompañar por Ivan Ontiveros. Juntos interpretan una danza en la que solo dejan de tocares para terminarla. Como cuando las relaciones humanas perduran hasta la muerte.
En un diálogo sobre dos metros cuadrados de pasto natural, cada uno habla se sí mismo sin realmente escucharse entre ellos. Él recuerda a una persona que dejó atrás en otro continente y tiempo, con la certeza de que no la volverá a ver; ella reflexiona sobre experiencias y contactos con la muerte, los restos polvorientos de lo que alguna vez fueron personas. Esas personas ahora siguen «siendo», solo que ahora son parte de quienes las recuerdan.
Así, pasean entre la vida y la muerte, el destino, el tiempo y el movimiento. El movimiento de ese río que por más que corra sigue siendo el mismo río en constante regeneración. Amarilla con su vestido dorado tejido con los hilos del destino, se desenvuelve en una temática enigmática y cotidiana a la vez; la expone de una forma clara en una danza-teatro sin más pretensiones que el de lograr una pieza multidisciplinaria, profunda y muy bien interpretada.