Texto Alejandra Monroy
Video Gustavo Lara-Equihua
Este mes estamos reflexionando acerca de la incertidumbre, y el concepto me hizo regresar el tiempo a diciembre de 2011, cuando en el Salón de Danza de la UNAM, Omar Carrum (Delfos) y Vladimir Rodríguez (Cortocinesis) se presentaron con la obra «Escrito Absurdo». En ese momento tenia muchas certezas acerca de el trabajo de Delfos y el de Omar, tenia la certeza de la calidad de la compañía Cortocinesis que conocí en Culiacán Sinaloa durante una emisión del Festival José Limón», tenía la certeza también de la madurez de este duo de intérpretes entre los 35 y 40 años, de cuerpos fuertes y trayectorias importantes; y una certeza más, vería algo diferente. Aquí es donde se complica la cosa, porque tantas certezas juntas crearon una gran incertidumbre, no tenía idea de lo que vería. Lo que observé fue un una simbiosis dancística; si un liquen solo puede estar formado por un hongo y una alga, «Escrito absurdo» solo puede ser bailado por Omar Carrum y Vladimir Rodríguez. El proceso de investigación viajó entre Mazatlán, Colombia y París, es una pieza creada a través de la integración de dos cuerpos, dos sensibilidades, dos cerebros y mucho trabajo de autorreconocimiento. Si dejamos a dos hombres incapaces de comunicarse, en una isla desierta, terminarían creando un lenguaje nuevo, uno que solo les pertenecería a ellos. Eso es lo que paso con esta pieza. Desde mi muy personal punto de vista, los intérpretes creadores iniciaron con la incertidumbre del resultado y crearon una estructura que soporte la improvisación de cada función.
Dos artista parados, cada uno mostrando su nombre al público que debe decidir quien empieza la acción, entonces, surge un clima de incertidumbre ¿que sucede si empieza uno o si comienza el otro? Solo he visto una función, habría que presenciar varias y disfrutar así de la variedad de circunstancias aleatorias de esta danza montada en una estructura inteligente, amigable y que envuelve al público en un pequeño mundo efímero. Hablar más del desarrollo de la obra sería un pecado para el futuro espectador, porque sin esta incertidumbre, no sabe igual.
Lo que si puedo decir, es que hay oficio, talento creador e interpretativo y el mimetismo de movimiento que llega a surgir entre estos dos hombres ciertos de que cada noche es diferente.