Texto Alejandra Monroy
Video Gustavo Lara-Equihua
En un pequeño cuadro de pasto cada una de las bailarinas son seres mágicos, comienzan su actividad, suena la grabación de una voz que da ciertas instrucciones, pero considero que para el espectador no es relevante. La simple presencia de estas mujeres que transmiten sensación de paz es suficiente para sentirse como en una especie de estado de contemplación. Kokoro, (corazón en japonés) es la pieza en la que las artistas encuentran su pulso, para sentirlo y moverse al ritmo de su Vida. En el programa de mano se plantean como un solo corazón, sístole y diástole, pienso que es porque es precisamente la dualidad de esas acciones cardíacas es la que hace posible el ciclo vital marcado también por el el reloj verde que aparece en escena y sus manecillas que giran en sentido opuesto al movimiento del gran corazón formado por Analía Rodríguez y Quio Binetti. El Corazón es un órgano poco valorado desde el punto de vista de que mantiene la sangre circulando. Muchas personas piensan que es en el cerebro donde se lleva a cabo la magia del hombre, pero en el corazón hay un micro cerebro que contribuye al constante movimiento alterno de diástole y sístole que genera no sólo la irrigación si no un importante campo magnético, unidad de esa red vital que une a los seres vivos como uno sólo. Esta obra es una clara concientización no solo corporal sino de existencia.