Texto Alejandra Monroy
Video Gustavo Lara-Equihua

El folklor es una parte de nuestra vida como mexicanos que se encuentra en crisis. A pesar de su riqueza, se percibe una gran confusión en lo que se llama identidad nacional, pero para Rafael Zamarripa eso no existe, él se siente completamente inmiscuido en el sentir de México sin pensar en división política temporal ni social. Lo mismo tiene una «Rosita Alvíres», que es la dramatización de un corrido revolucionario, que una pieza que se puede considerar contemporánea como «Salineros». En el caso de ésta última, se retrata una realidad, una mística del trabajo duro, una tradición y por qué no, la imágen de un México escondido en lo más profundo de sus entrañas.
A la llegada del Maestro Rafael Zamarripa a Colima, se encontraba con la misión de investigar un tema importante, que retratara una región de este Estado, le llevó tiempo conectarse o encontrar algo que le llegara muy profundo; su búsqueda lo llevó hacia Cuitlán, donde se encontró la Laguna de Cuyutlán. En este sitio, se halló con el siguiente ritual que nos narra él mismo:
«La manera de llegar de los salineros a ese lugar, es en una troca de esas abiertas, de dos en dos con unas lámparas de petróleo, se iban instalando en el pozo donde producían la sal (dos trabajadores eran necesarios para cada pozo) la tarea es mística porque no había oportunidad de escuchar música o distracción alguna. Me metí con ellos a trabajar en la sal ocho días, al término de esos ocho días, cuando yo ya había capturado cómo se trabajaba, me vine a Colima, me metí al salón de danza y reproduje solamente el proceso que los salineros habían realizado como parte de su faena. La música está inspirada en la región de los también salineros de Tehuntepec en Oaxaca.»
No cabe duda que aunque el maestro Zamarripa es un gran conversador, su verdadera lengua es la danza. Esta espectadora recibió una descripción aún más rica y detallada del trabajo de estos hombres que se desenvuelven en la oscuridad, cuando la representación estuvo sobre el escenario.
No debemos dejar el folklor al pasado, México es un país con miles de facetas, y no estar consientes de eso nos hace ignorantes de quienes somos. Hoy por hoy, existen miles de subculturas nuevas y costumbres ancestrales no difundidas, todas son manifestaciones populares que debemos reconocer, para dejar de ser una nación que se disuelve en el gran caldo de la globalización.