Texto Alejandra Monroy

Video Gustavo Lara-Equihua

La primera gran impresión que tenemos de esta pieza, es la de estar en una jaula o atrapados en una telaraña de luz. Es una obra en la que la energía  se contiene, es como ver una película en una  moviola y pasar de cuadro después de haber vivido intensamente el anterior. Aquí nada puede ser  extraño, podría haber aparecido Nosferatu sintiéndose cómodo en este mundo onírico. Fue montada para celebrar las dos décadas de la compañía y me parece muy  acertado que  como en un principio,  Benito Gonzáles y Evoé Sotelo (directores fundadores de QM), sean los  intérpretes de esta puesta en escena.

«Asunto Latente», es una coreografía cocida a fuego lento, surge de una pesadilla y no veo manera de integrar al mundo onírico, con una relación de pareja y la creación de una semejante filigrana escénica (iluminación y escenografía) de forma improvisada. Aquí hay tiempo de trabajo y tiempo de experiencia como un equipo  integrado por los co-directores y Mauricio Ascencio diseñador de iluminación y espacio escénico.

Es necesario no dar muchos detalles para evitar arruinar la sorpresa de los futuros espectadores de está pieza, pero lo que si es seguro es que el  público que asistió a la función de Quiatora Monorriel en el Parque Cultural de Valparaiso, quedó desconcertado ante la oscuridad de algunos elementos y situaciones de la obra, sin tomar en  cuenta que la «Danza Mínima» que esta  compañía desarrolla, suele en algunos ámbitos, ser desconcertante ya por si misma.

Esta  Compañía de danza se ha consolidado precisamente por ser coherentes con ellos mismos ante lo que le ofrecen al público, porque para que haya un público libre de aceptar o rechazar, debe haber artistas libres de expresar sus inquietudes. Esto ha hecho que tengan un público muy definido que los sigue, lo que me parece un gran logro como artista.