Texto Alejandra Monroy

Video Gustavo Lara-Equihua

Tábula Rasa (Clean Slate) no es solamente el nombre de la pieza musical de Arvo Pärt que Diego Vázquez utiliza para esta obra. El coreógrafo comenta en el programa de mano, que este motivo va más allá del dogma filosófico, seguramente  se refiere a la tabla rasa de John Locke. Y es que en «Clean Slate» no se trata de comenzar la escritura en un cerebro u hoja en blanco, sino del resultado que de acuerdo con Vázquez tiene lugar cuando alguien obtiene el perdón y borra su pasado. Aunque yo podría añadir que el verdadero borrón  se da cuándo es el individuo mismo quien logra perdonarse.  El concepto de la pieza coreográfica es muy probablemente lo que el músico tenia en mente cuando compuso esta magnífica obra y así como en «Tabula Rasa», «Clean Slate» representa un ciclo vital, solo que en la coreografía se refiere específicamente a las relaciones sociales, un nivel más en la espiral del crecimiento humano.

Inicia con una mujer sola, sentada en un sillón, en ese momento ella tiene un lugar, pero el desarrollo la enfrenta a nuevos personajes que la alejan de sí misma, así inicia una historia de ires y venires, personas que están y en determinado momento ya no; situaciones de armonía y de encuentros violentos para llegar nuevamente a una soledad desesperada hasta conseguir el consuelo que la une de nuevo con el punto de partida en este viaje de la vida. Todo tiene lugar  en una caja negra sin más elementos escenográficos que un sillón que está en escena  por únicamente unos instantes.  El espacio es habitado primero por la iluminación de Gabriel Torres Vargas quien hace un trabajo minimal y preciso.  Los bailarines Cynthia Hamm (a quien felicito de manera muy especial por su  limpia y muy virtuosa ínterpretación), Óscar Pérez Maldonado, Faizáh Grootens, Carolina Ureta, Guillermo IV Óbele, Georgina Velázco y Tanya Cárdenas; todos ellos  poseedores de cuerpos entrenados, requisito para este tipo  de coreografías  vigorosas y que necesitan de gran precisión para  poder  cumplir con su objetivo. Así es la Obra de  Diego Vázquez,  uno de los pocos coreógrafos mexicanos de su generación que apuestan por las propuestas con estructuras  más formales, ambicioso de la pulcritud y la buena factura tanto en el movimiento, la coreografía y los elementos escénicos.  Es importante apuntar también que una característica que llama mucho la atención en este trabajo es el vestuario diseñado por el mismo director de la compañía, es características geométricas y asimétricas, únicamente en blanco y negro, se me antoja como para verlos en un ambiente Bauhaus. En fin, una pieza redonda sin elementos gratuitos y de lectura universal.